La iglesia cruzada

La iglesia cruzada

Los fuertes muros de la iglesia cruzada tenían un grosor casi ciclópeo (2,35 metros), pero se hallaban cubiertos por un gran estrato de ruinas acumuladas con el tiempo.

Una vez retirados los escombros, emergió la planta de la iglesia cruzada: tres naves formadas por dos filas de tres pilares cruciformes cada una y coronadas por sendos ábsides semicirculares; el contorno externo del ábside mayor era poligonal.

Los muros fueron casi completamente derribados en el pasado, de forma que muchas de sus piedras habían sido reutilizadas en nuevas construcciones. Algunas piedras conservaban las incisiones características de los canteros medievales, signos que servían para la adecuada colocación de los bloques de piedra, o para reconocer a los maestros que trabajaban en las obras, o para indicar las canteras de procedencia del material de construcción con el fin de pagar las debidas retribuciones. La puerta de entrada, situada en la fachada, tenía una anchura de 1,80 metros; la puerta estaba precedida por una plataforma de entrada a la que se accedía desde la pavimentación exterior, perteneciente también al terreno sagrado. Entre los escombros que cubrían este espacio exterior se encontró una columna de mármol.

El altar estaba en el presbiterio. Éste se ubicaba en la nave central y llegaba hasta el centro de la iglesia. Debido al relieve natural, el presbiterio se elevaba unos 63 centímetros del suelo de la iglesia y estaba rodeado con una pared perimetral. Tres escalones en la nave central permitían acceder directamente al presbiterio; también en las inmediaciones de los ábsides norte y sur existían sendas gradas para el acceso lateral. En el centro del presbiterio, la roca desnuda se elevaba unos diez centímetros y estaba retocada con cuidado en sus lados para darle la debida forma. Esta roca natural estaba a la vista también en el ábside norte; en el ábside sur estaba cortada irregularmente y servía como cimiento para los muros del propio ábside.

Los pilares, casi totalmente expoliados, eran cruciformes sobre base cuadrada, realizados con semicolumnas por cada lado. Fue posible entender la forma de los pilares gracias a algunos bloques recuperados y a las marcas dejadas en el solar tras su desaparición.

Alguna restauración realizada en una época no precisada supuso la reparación del pavimento y el refuerzo de los pilares. El pavimento hallado en las excavaciones estaba realizado con grandes teselas en forma de cubos de piedra, combinadas con losas irregulares de mármol de variado color y dimensión; algunos fragmentos de mármol, restos de antiguas losas reutilizadas, conservaban huellas de inscripciones en griego o en árabe, o de origen escultórico. En esta restauración indeterminada se sustituyó el pavimento original, que estaba realizado probablemente todo él en losas de mármol. Por su parte, los pilares cruciformes fueron cubiertos con gruesos muros para darles forma octogonal. También las paredes, en las que existía algún tipo de decoración cruzada, fueron enfoscadas y enlucidas.

Se encontró una tumba cruzada en el exterior del muro poligonal del ábside mayor. En el interior de la tumba se halló un osario intacto. También se hallaron más tumbas cristianas en el interior de la iglesia. En una de ellas se conservaba un esqueleto y una pequeña crucecilla de cobre; otra tumba albergaba un esqueleto femenino con anillos y parte del sudario; en una tercera se encontró un esqueleto y una vasija de terracota.

Según el padre Orfali, los pilares debían de sostener una estructura de arcos rebajados. Además, junto con fragmentos de un arquitrabe y de varias ménsulas, se encontró una pequeña columna que formaría parte de una ventana geminada. Todos los elementos arquitectónicos y decorativos hallados permiten concluir que la construcción de aquella iglesia románica del Salvador contó con un alto presupuesto por parte de los francos en el periodo cruzado. El templo se convirtió en centro espiritual de la Hermandad de Caridad, que recababa fondos para el hospital de Nuestra Señora de Josafat, vinculado a la Abadía de la Tumba de la Virgen. Las posteriores restauraciones, sin embargo, revelan un progresivo empobrecimiento, tanto en lo que se refiere a técnicas de construcción como a recursos disponibles para la rehabilitación.