Los olivos de Getsemaní: resultados de una investigación científica

El Huerto de los olivos de Getsemaní, uno de los lugares más sagrados de la cristiandad –memoria viva de la agonía del Señor antes de su arresto- hoy puede ser conocido más a fondo por todos los creyentes.
Ya se conocen finalmente los resultados de la investigación científica promovida por la Custodia de Tierra Santa sobre los ocho árboles del milenario jardín. La investigación, iniciada en 2009, ha durado tres años y ha sido realizada por un equipo de investigadores del Consejo nacional de investigaciones (CNR, en sus siglas en italiano) y de distintas universidades italianas. El estudio ha sido presentado hoy, a las 11.30, en la Sala Marconi de Radio Vaticana, en Roma. Junto al padre custodio, fray Pierbattista Pizzaballa, han sido los profesores fray Máximo Pazzini, decano del Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén, el profesor Giovanni Gianfrate, coordinador del proyecto, agrónomo y experto en la historia del olivo mediterráneo, y el profesor Antonio Cimato, coordinador de la investigación científica, investigador principal del Instituto de evaluación de la madera y de las especies arbóreas (Ivalsa/Cnr Florencia), quienes han explicado a los periodistas el valor y el sentido de los resultados de la investigación.

Los resultados de la investigación han revelado que el tronco de tres de los ocho olivos (los únicos con los que ha sido técnicamente posible realizar el estudio) se remonta a mediados del siglo XII. Por eso, las plantas tendrían una edad confirmada de alrededor de novecientos años. Sin embargo, hay que hacer una precisión: la data indicada se refiere solamente al epigeo de la planta, es decir, la parte aérea (el tronco y las ramas). De hecho, la misma investigación ha demostrado que el hipogeo, la parte subterránea (la raíz), es ciertamente más antiguo.

El éxito de la investigación, además, se debe contrastar con las antiguas crónicas de viaje de peregrinos, según las cuales, la segunda basílica de Getsemaní fue construida entre el 1150 y el 1170, período durante el cual los cruzados se dedicaron a la reconstrucción de las grandes iglesias de Tierra Santa, y de Jerusalén en particular. Parece por tan tanto verosímil que, con ocasión de la construcción de la basílica de Getsemaní, se rediseñara también el huerto, realizando una intervención de recuperación de los olivos presentes en aquel tiempo. Otro resultado de gran interés es el surgido al definir los investigadores la impronta genética (fingerprinting) de las ocho plantas. Los análisis de regiones particulares de ADN han descrito «perfiles genéticos idénticos» entre los ocho individuos. Tal conclusión revela la peculiaridad de que los ocho olivos son, utilizando un término metafórico, «gemelos» entre sí y, por lo tanto, pertenecientes al mismo «genotipo». Esto solo puede significar una cosa: que los ocho olivos son todos «hijos» del mismo ejemplar. Además, se puede decir que, en un momento preciso de la historia –en el siglo XII, aunque probablemente mucho antes-, se plantaron en el jardín de Getsemaní porciones de ramas más o menos gruesas (esquejes de ramos) obtenidas de una misma planta, el mismo procedimiento que hoy día siguen utilizando los jardineros palestinos. Podríamos preguntarnos en qué momento, a lo largo de los siglos, se plantaron dichos esquejes. Por los Evangelios sabemos que, en tiempos de Jesucristo, los olivos ya estaban presentes y eran adultos. Su posterior existencia está testimoniada por un atento examen comparado de las descripciones del Santo Lugar realizadas por historiadores y peregrinos en el curso de los siglos.

Fray Pierbattista Pizzaballa, presentando los resultados de la investigación ha declarado que «para todo cristiano, los olivos del Huerto de Getsemaní constituyen una referencia "viva" de la Pasión de Cristo; del testimonio de la obediencia absoluta al Padre, incluso en el sacrificio de su persona por la salvación del hombre, de todos los hombres; y son también indicación y memoria de la disponibilidad que el hombre debe tener para "hacer la voluntad de Dios", única forma de distinguirse como creyente. En este lugar Cristo oró al Padre y se entregó a Él para superar la angustia de la muerte, la Agonía, la Pasión y la terrible ejecución en la cruz, confiando en la victoria final, la resurrección y la redención de los hombres.

Estos olivos multiseculares representan el "enraizamiento" y la "continuidad generacional" de la comunidad cristiana de la Iglesia Madre de Jerusalén. Como estos olivos –plantados, quemados, arrancados y de nuevo germinados, en el transcurso de la historia, de una cepa "inagotable"- así la primera comunidad cristiana sobrevive vigorosa, animada por el Espíritu de Dios, a pesar de los obstáculos y persecuciones».

por Carlo Giorgi