Evangelio según san Marcos (14,32-52)

san Marcos

Introducción

También el evangelista Marcos narra la noche de angustia y de intensa oración de Jesús, abandonándose definitivamente a la voluntad del Padre, seguida de la traición de Judas. Marcos subraya que la oración de Jesús al Padre fue una plegaria llena de confianza y de familiaridad. En el texto de Marcos, Jesús se dirige a Dios Padre con el término ‘Abba’, una palabra que la tradición judía nunca había usado en relación a Dios. Por otra parte, esta expresión ‘Abba’ sólo se emplea aquí en todos los evangelios, subrayando la profunda intimidad entre Dios y su hijo Jesús en el momento en el que éste se sintió más necesitado del amor del Padre.
Marcos es también el único que añade un detalle anecdótico, quizás de índole personal: se trata del joven que escapa de los guardias soltando la sábana y quedándose desnudo. Podría tratarse de un recuerdo autobiográfico: Marcos era de Jerusalén y el mismo huerto de Getsemaní tal vez pertenecía a su familia; aquella noche se habría quedado a dormir allí, cubierto sólo por una sábana.

Texto

32 Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras voy a orar». 33 Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice: 34 «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad». 35 Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora; 36 y decía: «¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres». 37 Volvieron, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: «Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora? 38 Velad y orad, para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil». 39 De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. 40 Volvió y los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle. 41 Vuelve por tercera vez y les dice: «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
43 Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. 44 El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto». 45 Y en cuanto llegó, acercándosele le dice: «¡Rabbí!». Y lo besó. 46 Ellos le echaron mano y lo prendieron. 47 Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. 48 Jesús tomó la palabra y les dijo: «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido? 49 A diario os estaba enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras». 50 Y todos lo abandonaron y huyeron. 51 Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; 52 pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

(Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, 2010).