Jardín

Jesús, acabada la cena con los discípulos y pronunciado su discurso de despedida (Jn 17), sale del Cenáculo y baja hacia el Torrente Cedrón para comenzar el itinerario que lo llevará a la cruz. Llega hasta un jardín, que Marcos y Mateo llaman «Getsemaní» (Mc 14,32; Mt 26,36). Se trataba probablemente de un terreno cultivado y cercado con una valla de piedra, como muchos que se ven todavía hoy en Tierra Santa.

Según Juan, Jesús se retiraba a menudo a este jardín (en griego: kêpos) con sus discípulos (Jn 18,1-2). Como Adán, Jesús fue también tentado en un jardín; y un jardín será el lugar donde estará la tumba de la resurrección (Jn 19,41). El tema teológico de ‘Jesús, nuevo Adán’, que san Pablo desarrolla en su Carta a los Romanos (Rm 5,12-21), guarda estrechos vínculos con lo que sucede en el Jardín de Getsemaní.

Dios creó a Adán, el primer hombre, a su imagen y semejanza, y lo colocó en el jardín del Edén, el lugar donde fue tentado y donde pecó comiendo del fruto prohibido (Gn 2-3).

Su pecado se extendió a toda la humanidad, sembrando en lo más íntimo del hombre la inclinación al mal. Pero Dios coloca a otro Hombre en el jardín: su propio Hijo Jesús. En el jardín de Getsemaní, Jesús, nuevo Adán, será tentado por el maligno, una tentación que lo llena de angustia y le lleva a pedir a los mismo apóstoles que recen «para no caer en tentación» (Lc 22,40). Jesús comparte la miseria del hombre, su doble condición de bien y de mal. Pero, en su obediencia a la voluntad del Padre, venciendo en sí mismo al pecado, se convierte en nuevo Adán (Hb 10,5-10) que salva a toda la humanidad y restituye a los hombres su semejanza con Dios.

De esta forma, Jesús vuelve a abrir el jardín, el lugar que Dios había preparado para el hombre, la estancia del Cantar de los Cantares en el que el esposo se reúne con su esposa. El jardín que Jesús vuelve a abrir es el lugar donde el encuentro con Dios se hace amor y nueva alianza.


Angustia
Oración
Traición