Hora Santa en Getsemaní

En 1674, Jesús se le apareció a una sencilla mujer, Santa Margarita María Alacoque (1647-1690), durante la adoración del Santísimo. No era la primera vez que Cristo se le manifestaba mostrándole su Corazón, pero en esta ocasión Jesús le pidió una «Hora Santa» de reparación, que habría de celebrar cada noche del jueves al viernes, de once a doce. Durante este tiempo de oración, Jesús le haría partícipe de su tristeza en Getsemaní.

La difusión de esta práctica piadosa por todo el mundo católico estuvo muy relacionada con la popularidad que encontró en los siglos XVIII y XIX el culto al Sagrado Corazón de Jesús. La Hora Santa se fundamenta en tres grandes dimensiones que aparecen en los escritos de Margarita María: la oración de reparación, la unión con Cristo sufriente en Getsemaní, las expresiones de humillación.

En mayo de 1930 se celebró en Paray-le-Monial el primer centenario de la institución de la Hora Santa. A invitación de la Archicofradía de la Hora Santa, todo el orbe católico se unió para celebrar juntos la Hora Santa.

También el padre Custodio, Aurelio Marotta, dispuso que en Getsemaní, en el mismo lugar en el que Jesús padeció su particular Hora Santa, se celebrara esta práctica piadosa durante la noche. Tres años después, el 6 de abril de 1933, que era el jueves anterior a la Semana Santa, ante la piedra de la agonía en la Basílica de Getsemaní, el padre Custodio Nazareno Jacopozzi instituyó canónicamente la Cofradía de la Hora Santa, afiliada a la cofradía madre de Paray-le-Monial.

La Cofradía tuvo rápidamente numerosos inscritos de todo el mundo (en un año alcanzó los 21 500 cofrades y en tres años llegaron a 92 482). A quien formaba parte de ella se le pedía realizar el ejercicio de la Hora Santa en la tarde o la noche de cada jueves, recibiendo así indulgencia plenaria. Y la misa cantada que los frailes franciscanos celebraban en Getsemaní los jueves se aplicaba en sufragio por los inscritos en la cofradía.

Actualmente, la práctica de la Hora Santa ante la piedra de la agonía se sigue celebrando institucionalmente los primeros jueves de mes a las 16:00 horas. Además, todos los peregrinos que lo piden pueden celebrar su hora Santa en Getsemaní durante su peregrinación a Tierra Santa.

La Hora Santa del Jueves Santo

El Custodio de Tierra Santa, distribuye pétalos de color rojo sobre la piedra de Getsemaní, el Jueves Santo

Cada año, en la noche del Jueves Santo, toda la comunidad franciscana se reúne junto con los fieles que llegan a Jerusalén para celebrar la Pascua y durante una hora velan y oran junto a Jesús.

Se proclaman en árabe, hebreo, alemán, inglés, francés, español, italiano y otras muchas lenguas los textos evangélicos que hacen referencia al lugar exacto en el que Jesús, antes de su arresto, sudando sangre, se abandonó a la voluntad del Padre y a su destino de sufrimiento y humillación.

La celebración recuerda los tres momentos principales narrados por los evangelios, que se corresponden con los tres santuarios que forman parte del entorno de Getsemaní: el Huerto de los Olivos, la Piedra de la Agonía y la Gruta de la Traición. Los textos que se proclaman son:

  • El anuncio de Jesús sobre las negaciones de Pedro (Mt 26,30-35; Mc 14,26-31; Lc 22,31-37);
  • La agonía de Cristo y su oración en el Huerto de los Olivos (Lc 22,39-46; Mt 26,36-46; Mc 14,32-42);
  • La detención por parte de los guardias (Mt 26,47-56; Mc 14,43-52; Lc 22,47-54).

Cada uno de los momentos, intercalados con breves tiempos de silencio, empieza con la lectura de Salmos, que trata de preparar a los fieles para la escucha del texto evangélico, seguido por una oración conclusiva.

En recuerdo del sudor de sangre que cayó sobre las rocas del huerto aquella noche, cuando Jesús vivió en oración intensa las horas previas a su detención, el padre Custodio esparce pétalos sobre la roca desnuda expuesta ante el altar y se inclina para besarla. Tras él, todos los fieles se prostran, tocan, besan y veneran la misma piedra que fue testigo de la agonía de Cristo.