Egeria

Peregrinatio Aetheriae, 381-384 d.C.

La peregrina Egeria, que viajó a Tierra Santa en los años 381-384, se unió a la comunidad de Jerusalén para la celebración de la liturgia estacional del Triduo Pascual, que comenzaba en la tarde del Jueves Santo en la Basílica de la Eleona, en el Monte de los Olivos. Desde la Eleona, con las primeras luces del alba, se dirigió al Imbomon (Ascensión), en la cima misma de la montaña. Desde allí, en procesión presidida por el obispo, bajó hasta el lugar de la oración de Jesús en el huerto, donde observó una «iglesia elegante», a la que todos entraban para leer el evangelio y orar. «Después, desde allí, con himnos, todos, hasta el niño más pequeño...», bajó a los pies de Getsemaní junto al obispo.
El itinerario de Egeria, descubierto en 1884, impulsó muchas modificaciones en los ritos litúrgicos a lo largo del siglo pasado en los santuarios de Jerusalén, variaciones que tratan de recuperar un estilo litúrgico más afín al de la iglesia de los primeros siglos, tan bien detallado por la atenta mirada de la peregrina.

XXXVI. 1. Ac sic ergo cum ceperit esse pullorum cantus, descenditur de Imbomon cum ymnis et acceditur eodem loco, ubi orauit Dominus, sicut scriptum est in euangelio: “Et accessit quantum iactum lapidis et orauit” et cetera. In eo enim loco ecclesia est elegans. Ingreditur ibi episcopus et omnis populus, dicitur ibi oratio apta loco et diei, dicitur etiam unus ymnus aptus et legitur ipse locus de euangelio, ubi dixit discipulis suis: “Vigilate, ne intretis in temptationem.” Et omnis ipse locus perlegitur ibi et fit denuo oratio.

2. Et iam inde cum ymnis usque ad minimus infans in Gessamani pedibus cum episcopo descendent, ubi prae iam magna turba multitudinis et fatigati de uigiliis et ieiuniis cotidianis lassi, quia tam magnum montem necesse habent descendere, lente et lente cum ymnis uenitur in Gessamani. Candelae autem ecclesiasticae super ducente paratae sunt propter lumen omni populo.

3. Cum ergo peruentum fuerit in Gessamani, fit primum oratio apta, sic dicitur ymnus; item legitur ille locus de euangelio, ubi comprehensus est Dominus. Qui locus ad quod lectus fuerit, tantus rugitus et mugitus totius populi est cum fietu, ut forsitan porro ad ciuitatem gemitus populi omnis auditus sit. Et iam ex illa hora hitur ad ciuitatem pedibus cum ymnis, peruenitur ad portam ea hora, qua incipit quasi homo hominem cognoscere; inde totum per mediam ciuitatem omnes usque ad unum, maiores atque minores, diuites, pauperes, toti ibi parati, specialiter illa die nullus recedit a uigiliis usque in mane. Sic deducitur episcopus a Gessemani usque ad portam et inde per totam ciuitate usque ad Crucem.


W. Heraeus, Silviae vel potius Aetheriae peregrinatio ad loca sancta, Sammlung vulgar la teinischer Texte 1, Heidelberg 1908, pg. 41

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1. Y así, cuando comienza el canto del gallo, se baja entre himnos desde el Imbomon (Ascensión) y se llega al mismo lugar donde oró el Señor, como está escrito en el evangelio: «Y se apartó como a un tiro de piedra y oró, etc...» (cf. Lc 22,41). En aquel lugar hay una elegante iglesia. Allí entra el obispo y todo el pueblo, se recita allí una oración adecuada al lugar y al día, se dice también un himno apropiado y se lee el texto del evangelio donde [Jesús] dice a sus discípulos: «Velad para no caer en la tentación» (cf. Mt 26,41; Mc 14,38). Se lee por completo todo aquel texto allí y se hace de nuevo una oración.

2. Y luego, desde allí, entre himnos, todos, hasta el niño más pequeño, bajan con el obispo a los pies de Getsemaní. Debido a la gran multitud de fieles, agotados por las vigilias y debilitados por los ayunos diarios, puesto que tienen que bajar un monte tan grande, se llega muy despacio a Getsemaní entre himnos. Para iluminar a toda la gente se preparan más de doscientas velas de iglesia.

3. Llegados a Getsemaní, se hace primero una oración apropiada y después se recita un himno; seguidamente se lee el texto del evangelio donde [se narra que] el Señor es apresado. Durante la lectura de este pasaje se escucha tal rumor y lamento de todo el pueblo entre llantos, que el clamor del pueblo entero podría escucharse hasta en la ciudad. Y finalmente, desde ese momento, se marcha a pie hacia la ciudad entre himnos y se alcanza la puerta e la hora en la que un hombre deja de distinguir a otro hombre. Una vez dentro de la ciudad, todos, mayores y pequeños, ricos y pobres, todos sin excluir a nadie, todos con buena disposición, especialmente este día nadie descuida cumplir sus vigilias hasta la mañana. Así es acompañado el obispo desde Getsemaní hasta la puerta [de la ciudad] y desde allí por toda la ciudad hasta la Cruz.

Itinerarium 36,1-3